Hacer shopping en china es algo agotador, hay que regatear el precio siempre, porque el precio real de las cosas es al menos la mitad del precio de la etiqueta. Me llamó la atención que hasta en las tiendas serias hay que regatear, lo cual hace que uno este 15 minutos en promedio para comprar algo, y encima se va con la sensación que lo podría haber pagado mas barato.
En mi recorrida de shopping, en la calle nanjing se me acerca una china a hablar y me termina invitando a tomar algo. Ahi me acordé de todas las historias de gente que cae en la tentación y termina pagando una cuenta del bar que es astronómica. Asi que opté por decirle a la china que tenia que volverme y seguí mi camino.
Nos volvemos a encontrar con Maurin y Poty a la tarde, y cenamos en un restaurant cerca del hotel. Como al otro dia nos vamos a Suzhou, nos quedamos en el hostel jugando unas partidas de pool con un chino al que le apostamos una cervezas y ganamos. Nos acabamos las tsing tao, y a dormir.
Salimos para Suzhou temprano al otro dia.Suzhou es una ciudad que queda a 2 horas de Shanghai, y es famosa por tener canales al estilo Venecia o Amsterdam. Nos tomamos un bus para ir hasta allá, que nos deja bastante lejos del centro de la ciudad. En ese momento, mientras veiamos que bus tomarnos para ir al centro, se nos acerca un chinito en bicicleta que llevaba un carro. Nos ofrece llevarnos a los tres por 30 Yuanes (4 dolares). El carro era para 1 persona, pero el tipo dice que nos puede llevar a los tres. Le decimos que si y nos lleva durante 20 minutos pedaleando, haciendo un esfuerzo descomunal para llevar 200 kilos, o un poco mas por todas las hamburguesas que vinimos comiendo. El peso a veces era demasiado y lo obligaban a bajarse de la bici y empujar el carro a mano. Sentimiento de culpa del grupo por explotar al chino: al principio, 1%. Al final del viaje, 90%. No fue 100 %, porque cuando nos bajamos el chino nos quiso cobrar 5 yuanes de más, y nosotros ratones no se los quisimos dar.
Llegamos al centrito de Suzhou y recorrimos un templo donde iban los chinos a rezar, que era lindo pero no entendiamos nada porque estaban todos los carteles en chino, aunque igual seguimos la conducta de los chinos y dejamos nuestra marca con moneditas en el altar. Comimos pollo y pulpo fr
ito en un puestito callejero y seguimos camino para ir a una casona historíca. En el camino nos cruzamos con un mercadito, asi que nos agarró otro TAC y compramos varias cosas: mauro compró arte, yo compré chucherías para regalar, y poty siguió insistiendo que todas las cosas las iba a encontrar en el mercado de la seda asi que se abstuvo de comprar, aunque dio apoyo moral en las negociaciones.
Llegamos a la mansión, y vemos que cobraban entrada, asi que optamos por hacer una gran argentinada y nos colamos muy tranquilamente junto con un grupo que venía con guía turístico. Misión exitosa.
La mansión era impresionante, con mil cuartos distintos y un montón de zonas dignas para ponerse en modalidad ZEN.
Emprendemos la vuelta a Shanghai, donde habíamos hecho reservas para comer en un restaurant, y festejar mi despedida ya que al otro día tomaba el avión de regereso a casa, sniff sniff.
Para cenar elegimos un lugar que se llamaba People 7, que es famoso porque para poder entrar es necesario conocer la contraseña de la puerta, y no se puede pasar si no la sabes. El lugar era super glam, aunque quedamos famélicos porque las porciones eran minis. Maurito fue el que mas la sufrio porque pidió camarones, y creo que le vinieron 7 en todo el plato.
Volvemos al hostel, nos jugamos unos partidos de pool con el chino que quería la revancha del dia anterior. Nos gana los 3 partidos que jugamos, y ahi decidimos que es no es nuestra noche y es hora de ir al sobre.
Al otro dia nos levantamos y hacemos las valijas. Yo me tomaré el Maglev hasta el aeropuerto, con destino Seul Korea. Mauro y Poty seguirán viaje hasta Beijing, desde donde seguirán estos relatos. Nos despedimos como es debido, con mi último glorioso Mc attack, y con abrazos de hasta pronto.
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